Por Raúl González Nova
El verdadero poder lo tiene el pueblo
La corrupción, el oportunismo y los políticos que brincan de un partido a otro no existirían con la misma fuerza si la ciudadanía ejerciera plenamente el poder que tiene. Ésa es la verdadera tesis: mientras el pueblo permita que otros decidan por él, se conforme con promesas, cambie su voto por una dádiva o simplemente se quede al margen, seguirá entregando voluntariamente un poder que le pertenece.
Cuando el pueblo se dé cuenta del verdadero poder que tiene, quizá entonces dejen de existir esos dizque políticos de pacotilla que brincan de un partido a otro, cambian de color y después pretenden hacernos creer que ahora sí vienen a terminar con la corrupción.
¡Vil mentira!
En muchos casos, siguen siendo los mismos, con las mismas prácticas, los mismos intereses y las mismas mañas. Lo único que han cambiado es el color de la camiseta. Pero, seamos claros, ellos no tienen toda la culpa.
La responsabilidad también está en nosotros, en los ciudadanos.
Sí, en nosotros que permitimos que algunos se vendan por un peso, por una despensa, por una promesa o por cualquier dádiva de ocasión. En quienes prefieren no salir a votar y creen que con abstenerse van a solucionar los problemas. Y también en quienes se convierten en aplaudidores permanentes de aquellos que, paradójicamente, terminan pisoteando los derechos de quienes los llevaron al poder.
Porque el verdadero poder no lo tienen ellos.
El poder lo tiene la ciudadanía. El poder lo tiene el pueblo.
Mientras los ciudadanos sigamos pensando que los políticos son intocables, seguiremos permitiendo que hagan y deshagan a su conveniencia. Pero cuando la sociedad entienda que un funcionario ocupa un cargo porque los ciudadanos se lo confirieron, entonces las cosas pueden empezar a cambiar.
Un político, sin ciudadanos que voten, sin ciudadanos que participen y sin ciudadanos que exijan cuentas, simplemente no tendría el poder que presume tener.
Por eso, querido lector, vale la pena pensarlo.
No se trata únicamente de cambiar de partido, de color o de personaje. Se trata de cambiar nuestra manera de participar, de exigir y de ejercer nuestra ciudadanía.
Porque los políticos pasan, los partidos cambian, los colores se transforman… pero el pueblo permanece.
Y cuando el pueblo entienda que el poder es suyo y no de quienes temporalmente ocupan un cargo público, entonces quizá dejemos de quejarnos de los mismos de siempre y comencemos, verdaderamente, a exigirles cuentas.
Piénsalo, querido lector. El poder también está en tus manos…
Chin… se me terminó el espacio. Nos vemos en la próxima.
“Si el pueblo unido jamás será vencido, los periodistas unidos no volveremos a ser agredidos.”
Recuerden, amigas y amigos: los periodistas no debemos pedir libertad de prensa; debemos exigirla.
No se mata la verdad matando periodistas.
Decir la verdad siempre, aunque sea motivo de escándalo.
Hasta la próxima, mis queridos lectores.
Raúl González Nova
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