⚔️ El Cid después del Cantar: cuando Rodrigo Díaz se convirtió en inmortal
El destierro, Valencia, la pérdida y recuperación de la honra y la Afrenta de Corpes construyeron uno de los grandes relatos de la literatura medieval. Pero la muerte de Rodrigo Díaz no puso fin a su historia: crónicas, romances, pintura, cine y tradición hicieron que el Campeador siguiera cabalgando durante más de ocho siglos.
✍🏻 Fernando Flores
Durante dos entregas hemos seguido las huellas de un hombre y de un libro.
Primero buscamos el origen del Cantar de mio Cid, el manuscrito que atravesó los siglos y el nombre de Per Abbat que quedó escrito en sus páginas.
Después intentamos separar al Rodrigo Díaz histórico del héroe que comenzó a construir la literatura.
Ahora llegamos al final.
Pero para comprender por qué el Cid sobrevivió a Rodrigo debemos volver al poema.
⚔️ El destierro: cuando comienza el héroe
El Cantar de mio Cid comienza con una pérdida.
Rodrigo ha sido desterrado.
Debe abandonar Castilla y separarse de su familia, dejando atrás posición, bienes y honra.
Pero aquello que debía destruirlo se convierte literariamente en el comienzo de su ascenso.
El Cid reúne a sus hombres, combate, obtiene riquezas y envía presentes al rey Alfonso VI.
No se rebela contra su monarca.
Busca recuperar su favor.
Ésa es una de las claves del personaje construido por el poema: el héroe no recuperará su honra mediante la venganza contra el rey que lo expulsó, sino demostrando una y otra vez su valor.
La conquista de Valencia llevará esa transformación a su punto culminante.
El desterrado se ha convertido en señor.
👑 Valencia y las bodas: la honra recuperada
En el segundo gran movimiento del poema, el Campeador alcanza una posición que parecía imposible al comienzo de la historia.
Valencia está en sus manos.
Su esposa Jimena y sus hijas se reúnen con él.
Y finalmente llega la reconciliación con Alfonso VI.
El rey propone entonces el matrimonio de las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, con los infantes de Carrión.
Parece el triunfo definitivo.
El vasallo desterrado ha recuperado el favor de su señor y sus hijas contraerán matrimonio con miembros de una importante familia nobiliaria.
Pero el Cantar todavía reserva su conflicto más dramático.
🩸 La Afrenta de Corpes: cuando la literatura cambia la historia
Los infantes de Carrión aparecen en el poema como personajes dominados por la cobardía y el orgullo.
Después de sentirse humillados, deciden vengarse.
Durante el viaje desde Valencia llevan a sus esposas hasta el robledal de Corpes, donde las golpean brutalmente y las abandonan.
Doña Elvira y doña Sol quedan indefensas.
Es uno de los episodios más duros del Cantar de mio Cid.
Y también uno de los mejores ejemplos de la distancia entre literatura e historia.
Las hijas históricas de Rodrigo Díaz se llamaron Cristina y María. Sus matrimonios conocidos tampoco corresponden a los narrados por el poema.
La Afrenta de Corpes pertenece a la construcción literaria que transforma la vida del Campeador en una historia sobre la pérdida y recuperación de la

La tradición de la Afrenta de Corpes permanece ligada al territorio cidiano. Una placa recuerda el episodio en el que, según el Cantar, los infantes de Carrión ultrajaron y abandonaron a doña Elvira y doña Sol. El episodio pertenece al relato literario y no está acreditado como un acontecimiento histórico.
⚖️ La justicia sustituye a la venganza
Aquí aparece otra de las características extraordinarias del héroe literario.
El Cid no emprende una venganza privada contra los infantes.
Reclama justicia ante Alfonso VI.
En las Cortes de Toledo exige primero la devolución de sus espadas, Colada y Tizón, y después la reparación correspondiente por la afrenta.
El conflicto termina resolviéndose dentro del orden jurídico representado por el rey.
Los infantes son derrotados y la honra del Campeador queda restaurada.
Finalmente, las hijas del Cid alcanzan nuevos matrimonios con las casas reales de Navarra y Aragón.
El hombre que comenzó el poema desterrado termina engrandecido.
Ahí concluye el arco literario.
Pero no la historia cultural del Cid.
📖 Cuando el poema terminó, comenzó otra vida
Rodrigo Díaz había muerto.
El Cantar convirtió parte de su vida en literatura.
Y las generaciones posteriores continuaron transformándolo.
Crónicas, romances y nuevas narraciones ampliaron el universo cidiano. Cada época volvió a contar al Campeador desde su propia mirada.

Portada de la Crónica del muy esforçado cavallero el Cid Ruy Díaz Campeador, impresa en Sevilla en 1525 por Jacobo y Juan Cromberger. La imprenta contribuyó a prolongar durante siglos la presencia del Campeador en la cultura escrita.
El guerrero medieval dejó de pertenecer solamente a la Edad Media.
Entró en el romancero, el teatro, la pintura, la literatura y, muchos siglos después, también en el cine.
Rodrigo se había convertido definitivamente en el Cid.
🕯️ La muerte del hombre
Aquí debemos regresar por última vez a la historia.
Rodrigo Díaz de Vivar murió en Valencia en 1099.
Las fuentes históricas no permiten sostener que muriera atravesado por una flecha enemiga ni que encabezara muerto una última batalla.
La explicación histórica aceptada sitúa su muerte probablemente por causas naturales.
Jimena permaneció en Valencia y sostuvo la ciudad todavía durante un tiempo.

Representación de la muerte del Cid Campeador en Las glorias nacionales. La muerte de Rodrigo en Valencia en 1099 pertenece a la historia; las extraordinarias escenas que posteriormente rodearon sus últimos momentos pertenecen a la leyenda.
Y entonces ocurrió algo que ningún documento histórico podía detener.
Comenzó la última leyenda.
🐎 Babieca y la batalla después de la muerte
La tradición quiso que el Campeador consiguiera algo imposible para cualquier hombre:
combatir después de muerto.
Con el paso de los siglos se difundió el relato según el cual, después de fallecer Rodrigo, su cuerpo habría sido preparado, vestido con sus armas y colocado sobre Babieca.
Sostenido sobre su caballo, el Cid habría salido nuevamente frente a sus hombres.
El ejército enemigo, al contemplar al Campeador cabalgando una vez más, habría retrocedido.
Era una escena formidable.
También era una leyenda.
No aparece como tal en el Cantar de mio Cid y no existe evidencia histórica de que Rodrigo encabezara una batalla después de muerto.
Pero pocas imágenes explican mejor la transformación que hemos seguido durante estas tres entregas.
El hombre ya había muerto.
El héroe podía seguir cabalgando.

Representación artística de la legendaria última cabalgada del Cid. La tradición posterior convirtió al Campeador en un guerrero capaz de inspirar a sus hombres incluso después de la muerte.
🌳 Rodrigo y Babieca: el último encuentro en Cardeña
La tradición todavía añadió un último capítulo.
Babieca habría sobrevivido aproximadamente dos años a su señor.
Y, según la memoria vinculada al monasterio de San Pedro de Cardeña, el caballo fue enterrado a las puertas del monasterio.
Mientras tanto, la situación de Jimena en Valencia se volvió insostenible ante el avance almorávide.
En 1102 abandonó la ciudad con ayuda de Alfonso VI.
Con ella viajaban los restos de Rodrigo Díaz.
El Campeador fue llevado hasta San Pedro de Cardeña.
Allí, historia y tradición vuelven a encontrarse.
Los restos de Rodrigo llegaron realmente al monasterio.
La tumba de Babieca pertenece a la tradición.
Pero en la memoria cidiana ambos terminaron reunidos otra vez.
El guerrero y su caballo.
Rodrigo y Babieca.
📜 El hombre terminó. La historia no.
Habían pasado apenas tres años desde la muerte del Campeador.
Comenzaban más de ocho siglos de leyenda.
El guerrero histórico dio paso al personaje literario.
El personaje salió del poema y entró en las crónicas.
De las crónicas pasó a los romances, al teatro y a la pintura.
Después llegó al cine.
Y generación tras generación volvió a cabalgar.
Aquello que comenzó con un hombre del siglo XI terminó convirtiéndose en patrimonio de muchas épocas y muchas culturas.
La historia puso fin a la vida de Rodrigo Díaz en Valencia en 1099.
La leyenda se negó a desmontarlo de Babieca.
Y quizá ésa sea la mejor explicación de por qué, más de ocho siglos después, seguimos pronunciando su nombre.
Rodrigo Díaz murió como hombre.
El Cid Campeador vive en la cultura del mundo.

El hombre murió; la leyenda siguió cabalgando. Más de ocho siglos después, la figura del Cid Campeador permanece viva en la historia, la literatura y la cultura.


Deja una respuesta