- La SEP habla de intercambio académico, pero no ha detallado cuántos docentes llegarían, qué funciones desempeñarían, cuánto costaría el acuerdo ni qué garantías existirán contra el adoctrinamiento ideológico
El anuncio de una nueva alianza educativa entre México y Cuba despertó dudas sobre la posible llegada de docentes de la isla al país, particularmente por la falta de información precisa acerca de los alcances del convenio.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, informó que sostuvo una reunión con autoridades cubanas para fortalecer la colaboración y promover la movilidad de estudiantes y profesores. Sin embargo, hasta el momento no se ha confirmado la contratación de maestros cubanos ni la entrega de plazas dentro del sistema educativo mexicano.
Tampoco se han dado a conocer el número de participantes, las instituciones que los recibirían, las materias que impartirían, la duración de su estancia, sus remuneraciones o el origen de los recursos destinados al programa.
La ausencia de estos datos resulta especialmente preocupante porque México cuenta con miles de docentes preparados que esperan una plaza, mejores condiciones laborales y oportunidades para ejercer su profesión.
Además, resulta contradictorio que Cuba pretenda enviar profesores a México cuando su propio sistema educativo enfrenta una grave escasez de personal. Las autoridades cubanas reconocieron que únicamente tienen cubierta alrededor de 73 por ciento de su demanda docente, por lo que han tenido que recurrir a estudiantes universitarios y trabajadores de otros sectores para atender las aulas.
La situación obliga a preguntar: si Cuba no dispone de suficientes profesores para sus propias escuelas, ¿con qué propósito enviaría docentes a México?
La cooperación académica entre países puede ser positiva cuando existe reciprocidad, transparencia y un beneficio comprobable para los estudiantes. Pero cualquier acuerdo con el régimen comunista cubano debe ser sometido a escrutinio público para evitar que la educación se convierta en instrumento de propaganda o penetración ideológica.
La experiencia de las brigadas médicas cubanas también obliga a exigir claridad. No basta presentar estos programas como actos de solidaridad: el Gobierno de México debe transparentar los contratos, los pagos, las condiciones laborales, las tareas asignadas y el destino final de los recursos.
Afirmar que médicos o maestros cubanos llegan a México para realizar labores de espionaje requeriría pruebas concretas. Sin embargo, sí es legítimo exigir mecanismos de supervisión que garanticen que únicamente desempeñarán las funciones profesionales autorizadas y que no participarán en actividades políticas o ideológicas.
Antes de traer docentes extranjeros, la Secretaría de Educación Pública debe explicar por qué no fortalece primero al magisterio nacional. México necesita maestros bien capacitados y justamente remunerados, no acuerdos opacos que puedan terminar beneficiando económica o políticamente al régimen comunista cubano.


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